Pensamiento crítico, poetico y filosofía

El tiempo del paseo

Cuaderno del cigarro


Para quien fumó conmigo.


I

Tus pies mojados,
yo mirándote cómo te apoyas en mi ventana.

El olor del shampoo
nuevo
que te compraste me coquetea.

Labios finos e intrigantes,
que tienen tanto para decir
como para ocultar.

Termino siempre inquieto cuando te veo,

y

cuando te vas dejo que las marcas de tus pies mojados se sequen solas.

Tanto te quiero
que te compré
otro
shampoo,
esta vez
para usarlo yo también;
así me complemento con lo perfecto.


II

No te busqué por el miedo;
el miedo de ahogar lo que soy y a lo que voy.

Tú tuviste tu tiempo y yo el mío.

Me di cuenta de que soy algo.

La figura de tu sombra me corteja más que vos.

«Saturaré esas heridas que tienes», me decías;
fue una herida más corrompida que sanada.

Puedes arreglar tu vida en minutos como perderla,
pero mi vida se basa en vos.

Mi miedo es verte desnuda.


III

Un café y un cigarro en tu boca,
cumplidos los dos después de una noche donde me hablaste sin abrir la boca.

Y yo,

desprendido por lo guardado,
me sirvió esa noche.

Después volví con el anochecer,
sin saber qué fue ni qué sentí,

pero algo sé,
que el cigarro que te di te gustó.


IV

Estás en la cercanía,
en un grupo.

Yo,

solo,

buscándote en las apariencias,
pero me olvido de lo que hago,
ni razono,
eso para mí es el amor.

Pero definitivamente es algo que no soy,
el amor no se rodea de contemplar y anhelar.

Fumaré mucho, pero mi energía sos vos.
Nombro tanto al cigarro como a ti.

No me gusta rodearme de externos,
pero me gustas tú sentada con tus piernas delgadas.

¿Me buscas o seduces?
Pronto lo sabré.

Actúo con el tiempo y el tiempo en mí,
pero la colada de cigarro voy a dar hasta morir.

O

eso creo.


V

Tengo la audacia de saber tu nombre,
pero el desprecio al no mirarte.
Mucho falta para el retiro como para la risa.

Desconozco el hecho de enamorarme,
más sabiendo que el té está desprendiendo su aroma.

Falta tiempo para saber cuándo tomarlo;
es lindo saber que lo vas a terminar tomando.

Me gusta el agua muy caliente,
pero esta vez aguardaré mi ansiedad
como
aguardo tu llegar.


VI

A mi guitarra le falta la sexta cuerda. Puedo tocar muchas notas finas;
la grave, no.

Es tan leve la vibración, falta la fuerza,
la sonante,

en una vida

donde es difícil
cambiar la cuerda que deseas.


VII

Drogado y desnudo,

tus pies están fríos.
Lo sé porque estás al lado.

Tus manos palpitan una sensación adecuada.
Unas tetas algo chicas, pero me gustan.
Tu pelo es un manto negro.

No quiero verte desnuda y drogada;

al sentir el tacto,
me vuelve lo que olvidé y lo que amé.

Poco me falta para verte,

y poco me falta para que vengas vos,
muerte.


VIII

Un día despierto encontré el sentido de vivir.

Creído por el éxtasis,
manejé por los caminos rotos.

Me rompí.

Caí arrodillado ante la pregunta de si estaba despierto o dormido,
me confundí con todo,
hasta de qué sexo soy.
Me pregunté si era lo que buscaba.

El cigarro tenía mucha nicotina,
lo fumé igual.

Hoy duermo,
mañana me levanto.


IX

La llamada perdida es una alegría;
demostrar que estás ocupado

vaciando tu alma con whisky y cigarro.

Una mujer también,
qué alegría.

Sabes que perdiste porque devuelves la llamada.


X

¿Cuál estado es el actual?
algo como un helado derretido,
como el lago en el desierto.

Hace calor,
pero también frío.

No sé,
vivo en el centro del país pero no me ubico.

Terminando con pretextos,
busca una salida,
la puerta grande.

No sé,

pero sé
que
cualquiera que encuentre será la deseada por otra persona;

por mí,
no.


XI

Una vez mi madre me decía que piense en mí primero.

Yo,
caprichoso,

le respondía que ella es mi existir en la vida.

Mujer noble
que,
sin importarle,
siempre me ama.

Fumador compulsivo hasta la última gota,
ella igual,
con olor a cigarrillo,
me quiere.

Madre,

hago muchas cosas por ti;
es un dolor abandonar la motivación de mi día.

Alargo los trotes como yo al obedecerte;
no me abandones,

madre,

como yo me abandoné.


XII

En mi niñez he sido un chiquitín inquieto,
como cualquier otro.

Sentía,
olía
y
respiraba.

Ahora de adulto descubrí el mundo.
Me cuesta respirar,
pero aun así trato de ser un niño al cual le faltaron cumplidos,

como esperanza y aceptación.

Gracias al niño descubrí cómo es el mundo,
ahora
acompañado de un cigarro
cuando
antes era un caramelo.

El olor me sacia el alma vieja;

la costumbre de no saber,
incompleto al saber.

Extasiado por despertarme,
ahora extasiado por dormir.


XIII

Al alcance de mis manos el sentir,
pero escondido en las nieblas
de un lugar sombrío,

frío,
pero lindo.

Ocioso por quedarme,
excitado por salir.

No comprendo el bosque,
los pájaros
y
el agua.

La rama con hojas del árbol,
rota,
no se puede mover.

Aunque quiera,
no vuela.

El cuervo la pisa otra vez
el cuervo vuelve al árbol,

la hoja está más rota.

Pesa mucho un amor,
como el caminar de un anciano.

No importa
dónde estés,
siempre estarás
caminando.

No buscas,

llegas

al encontrar.


Fin del cuaderno.