Pensamiento crítico, poetico y filosofía

El tiempo del paseo

¿Cuanto Tiempo Aguantaremos?


El tiempo cumple el sentido del día, rodeados de estimulaciones vacías que, cada segundo que pasa, nos dejan congelados en la nada misma. Aunque lo que estoy comentando no es nada nuevo, despertar tu criterio es necesario para no caer en el vacío que te rodea.

Pensamientos de noches acumuladas, teniendo la necesidad de progresar, que abundan. Dejamos el espacio del silencio sin comentarnos las interferencias de nuestros pensamientos, de las cuales nos olvidamos todas las noches.

El espacio personal o el criterio del ser mismo es algo olvidado en la actualidad; lo mismo pasó en el pasado y pasará en el futuro.

¿Cuándo será el día en que despiertes, el día en que quieras alcanzar la apreciada libertad o lo que pensamos que es?

Aunque el mundo esté rodeado de metas atrapantes, la verdadera búsqueda de lo que deseas se profundiza en el centro de tu interior. Sin embargo, estamos en deuda con nosotros mismos, sin poder adaptarnos a nuestra transformación, dejando que el tiempo pase y entrando en un camino que conduce a la incomodidad.

El despertar, en sí, no es una creencia; es una consulta de tu egoísmo: ¿qué tan dispuesto estás a mostrarte a ti y al mundo?

Tendrás videos de gente hablándote de cómo tener una mejor vida:

—«Cuida tu salud».
—«Demuestra bondad».
—«Actualiza tus historias».
—«Haz dinero».
—«Rodéate de personas exitosas».
—«Medita diez minutos al día».
—«Lee un libro por semana».

Todos parecen saber cómo deberías vivir tu vida, pero casi nunca te preguntas: ¿qué es lo que verdaderamente te hace más libre? Esa sensación de caminar ligero, esa sensación de apagar tu ego y no poner una fachada entre los que te rodean.

Hombre muerto es aquel que algún día juró alcanzar su máximo esplendor y, sin embargo, sigue tirado

Embriagado y loco vives mejor, pero eso es una discusión para ti. Volveremos a ser seres infumables, a los cuales atormentaremos a los niños, y las flores se apagarán al pasar. ¿Cuál camino, hermano mío, es al que vas?

No dejes que te derribe la soberbia de un mundo al que le importa qué demuestras, qué tienes o qué provees.

Cuando empieces a dejar los pensamientos ajenos en la nada, tu vida podrá ser un sinfín de maravillas, pero esa vida te embarga mucho: amistades corruptas se apartarán, amores quedarán en el olvido y algunas drogas te afectarán más que antes.

¿Qué precio estás dispuesto a pagar por encontrarte? ¿Valdrá la pena destruirte para construirte?

Yo no lo sé y sigo en la misma búsqueda. Sin embargo, he experimentado el sufrimiento de la misma soledad por buscarme. Es doloroso, pero sé o creo que vale cada segundo, o eso me hice creer.

Estamos dispuestos a coger un domingo a la noche para saciar nuestro ego, pero no tenemos el poder de hablarnos a nuestro interior. Es una contradicción ser el ser más disolvente y, al mismo tiempo, ser la persona más muerta dentro de los presentes.

Mañana será un día nuevo, tendrás preguntas y muchas. Está en vos el cambio de razonar, aunque pienses que todo es una vuelta al principio o te cuestiones si será satisfactorio nuestro transcurso en esta vida. Podrás sentir lo que antes no imaginabas, que igualmente no son rayos de luz. Tu Dios no va a presentarse en forma física ante ti, pero algo más lindo va a manifestarse ante tu mirada:

La esencia de comprender que la autenticidad no nace de imitar conciencias ajenas, sino de reconciliarte con la propia.

No olvides tu presencia, no olvides quién eres o quieres ser, no olvides cuánto tiempo tardaste en darte cuenta de que no estás viviendo, no olvides a qué viniste y no olvides que tenemos solo una vida.

Entonces:

¿Cuál es aquel estado en el que predomina la muerte por encima de las ganas de vivir la vida estable que te corresponde?

¿Vives pensando toda tu vida en tus comportamientos para que, en la próxima vida, puedas tener todo lo que deseas?

Pierde el sentido de autogracia que nos da la actual.

Es decir, el ser parece necesitar constantemente algo exterior que le diga cómo vivir. Ahí empieza la pérdida del criterio y de la conciencia. Siempre se ha delegado el significado de la existencia en una autoridad superior.

En un principio fueron los dioses.
Más tarde, la Iglesia.
Luego, la razón.
Después, el Estado.
El dinero.
La productividad.
La fama.
La opinión pública.
Y actualmente, en muchos aspectos, los algoritmos.

El punto de sin retorno que nos ofrece el tiempo es codiciado por todos.

Sin embargo, estamos endeudados con la renta de la preciada libertad. Ahora, entrando en el apartado de si la libertad no es algo que se consigue, sino un camino de autoconocimiento, entonces dirás que la libertad, la palabra en sí misma, es denominada por la importancia del individuo, sin importar la psicosis en la que entra en sí mismo. Aprendemos de momentos experimentales, haciendo razonamientos de estos mismos. Sin embargo, el tiempo que hemos creado nos hace cuestionarnos cuánto tiempo nos queda o si los pasos de conexiones que hacemos nos llevarán a esa libertad o si serán como los sueños que nos proponemos.

El limbo de la existencia es evidente. La experiencia te hace cuestionar pensamientos que anteriormente estaban incautados en tu vida. Aprendes de ello, haciéndote una «mejor persona», que se modifica para poder tener una mejor supervivencia dentro de los valores del humano noble de la actualidad.

Quizá la mayor ironía de la existencia sea que dedicamos la vida a buscar aquello que creemos haber perdido, cuando nunca supimos si alguna vez nos perteneció.

Buscamos libertad sin saber si existe, buscamos identidad sin conocer qué es el yo y buscamos sentido en un universo que nunca prometió tenerlo. Aun así, seguimos caminando.

No porque estemos seguros del destino, sino porque detenernos equivaldría a aceptar la vida que otros pensaron por nosotros. Si existe una forma de libertad, tal vez no consista en escapar de todos los condicionamientos, sino en tener la valentía de mirarlos de frente y decidir, aun con todas nuestras dudas, qué clase de ser humano queremos llegar a ser antes de que el tiempo deje de preguntarnos.